Ninguna innovación fue accidental. Alguien tuvo que estar ahí y entender el significado del suceso inesperado.
Desde la penicilina matando bacterias, pasando por el daguerrotipo precursor de la fotografía, la vulcanización del caucho y la teoría gravitatoria de Newton.
Alguien vio, y entendió.
«La suerte sólo favorece a la mente preparada.»
Porque los accidentes no existen.
En muchos casos, el «chispazo» sucede tras años de trabajo, que siendo poco sexy, tiene escasa prensa.
Si querés innovar, trabajá en el problema con pasión y tomate recreos. Andate a pescar, caminar, lavar los platos o date un baño como hizo Arquímedes, el de eureka. Aprendé distintas cosas, para multiplicar tus sistemas interpretativos. Hacete profesionalmente curioso.
No le dejes tu creatividad (completamente) al azar.
Por Emilio Oteiza.
Consultor y docente en innovación. Fundador de Ignite – Consultoría en Innovación y Diseño. Dirige el Programa de Innovación en UCU Business School.