La oveja negra de la innovación

El grueso de la innovación no es cool. A ella no le importa.

La prensa empresarial fashion la ningunea. El ala cool de la industria del emprendedurismo la bullinea. Quienes innovamos en organizaciones la amamos. 

La innovación incremental, responsable de nuevos y mejorados modelos, que introducen variedad pero rara vez asombro, es una parte fundamental y honrosa de un Programa de Innovación. 

Ya dijimos que innovar es un medio para un fin estratégico.  En este caso renovar productos y servicios de un modo bastante predecible. Pero ¿vale la pena?

Sí, vale la pena

Primero, en organizaciones establecidas que innovan, es común encontrar que hasta un 70% (o incluso más) del esfuerzo se dedica a innovación incremental. 

Tiene sentido de negocio: mejorar productos existentes, agregar nuevos productos a series existentes, renovar servicios, etc. constituyen una de las oportunidades de inversión más atractivas que las empresas generan para si mismas. 

El mercado ya está, aprovechamos la misma infraestructura productiva y comercial, licuamos costos fijos en más puntos de facturación. 

Además, como las novedades son adyacentes a nuestros productos y están dentro de nuestro modelo de negocio, podemos hacer predicciones más acertadas: cuánto vamos a vender, a qué precio es competitivo, cómo promocionar. 

Con un poco de disciplina y algunas ideas, podemos construir un portafolio de inversiones en innovación incremental con un retorno que podemos proyectar y medir.

Con el tiempo, invertir recursos en el proceso se hace más justificable. Aparecen o se refuerzan funciones de I+D, innovación o el nombre que tomen. Construye capacidades y cultura para innovar.

Los proyectos incrementales además, suelen ser más breves, más baratos y más sistematizables que otras iniciativas de innovación. Tienen incertidumbre, pero su desriesgo suele ser menos desafiante. Podemos diseñar, balancear y  organizar el portafolio usando herramientas conocidas y en la lingua franca de los negocios: las finanzas. 

Y no olvidemos que los contrarios están haciendo lo mismo: mejorando día a día y aumentando las expectativas de tus clientes. ¿Te quieres quedar atrás?

Entonces ¿qué tiene de malo?

En realidad, la innovación incremental no tiene nada de malo por sí sola. Lo que no es recomendable es hacer únicamente este tipo de innovación. Necesitamos también esfuerzos transformadores. No hacerlo nos puede exponer al riesgo de disrupción.

El Profesor Clayton Christensen, en su clásico libro El Dilema del Innovador (1997) analiza esta dinámica. Cuando las organizaciones piensan que están “haciendo todos los deberes” con sus esfuerzos de innovación incrementales, pueden sucumbir ante nuevos jugadores con soluciones superiores. Incluso si éstas son, a los ojos del estándar imperante, de inferior calidad.

Por lo tanto, en general se recomienda balancear la dieta innovadora agregando a una base incremental esfuerzos más exploratorios y con mayor potencial de transformación.

Ilustraciones: Alfonso Rosso

Maneras de hacerlo bien

Formular un proceso y dedicar recursos. Mapear y medir las iniciativas. Desarrollar métricas adecuadas y hacer seguimiento. Articular con la estrategia de mejora contínua por un lado y con la innovación transformacional por otro. Redefinir el concepto de fracaso.

Maneras de hacerlo mal

Trabajar por impulsos aislados y perder continuidad. Insistir en tratarlo como un proceso lineal predictivo. Incluirlo sin más en un comité de mejora contínua (aunque se lo re-titule “e innovación”). No usar métricas. Pretender que se “meche de contrabando” en el día a día, cuando haya tiempo. 

Desafíos para los líderes

Formarse para ser competentes en una mentalidad ambidiextra que combine análisis y exploración.

Toda una ciencia la innovación incremental, que será menos sexy para algunos, pero para las organizaciones es fundamental. Primero, reconocerla como tal, y luego sacarle el mayor provecho posible

La oveja negra de la innovación no escucha el griterío, y sigue tan campante como siempre generando valor, recursos y oportunidades para aquellos equipos quienes sepan cómo jugar este juego.

Por Emilio Oteiza.

Consultor y docente en innovación. Fundador de Ignite consultoría en innovación y diseño. Dirige el Programa de Innovación en UCU Business School.

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