Un día divertido de creatividad usando notas adhesivas y subiendo fotos sonrientes a las redes sociales. Y luego de vuelta al «trabajo normal».
Un hackatón aislado, con entrega de premios y aplausos pero con poco o ningún seguimiento posterior.
Un concurso de ideas seguido por la implementación tímida de la más obvia.
Son ejemplos de «Teatro de Innovación»: actividades que se ven bien, pero tienen escaso valor duradero.
La consultora Strategyzer es una de las impulsoras de este concepto. Las iniciativas de innovación deben contribuir fuertemente a: 1- resultados de negocio, o 2- desarrollar cultura y procesos de innovación, o a ambos. Si no mueven mucho la aguja 1 ni 2, son teatro.
La mayoría de lo que sucede durante la innovación real no es fotogénico: preparar experimentos, desarrollar modelos de negocio, analizar resultados de entrevistas, consultar con expertos legales, iterar en propuestas de valor, armar un caso de negocios, componer planillas de cálculo, resolver los detalles de un piloto, etc.
Así que donde veas mucho ruido, probablmente haya pocas nueces.
Innovar termina en crecimiento. Su teatro termina en un post.
Por Emilio Oteiza.
Consultor y docente en innovación. Fundador de Ignite – Consultoría en Innovación y Diseño. Dirige el Programa de Innovación en UCU Business School.