Gran frase de Clayton M. Christensen

Clayton C. Christensen, como todos, a veces erraba. Lo que hacía a continuación no es común.

Falleció Clayton Christensen. Profesor de Harvard, consultor y líder de pensamiento, creador de la Tabla Periódica de la Disrupción, y al decir de los que lo trataron personalmente, un buen tipo.

Como otros académicos tocados por la varita, era dueño de una intuición artística para hacer las preguntas más jugosas. Quien quiera saber algo más de lo que él y sus colaboradores propusieron, puede leerlo en el siguiente artículo: ver link.

Se fue temprano y nos dejó deseando una siguiente temporada, esa en la que unificaría mas aún ese rastro tras el que estaba.

Hilando

Se adivinaba un hilo: su teoría de la disrupción, en la que el mercado baraja y vuelve a repartir regularmente para triunfo de algunos y derrota del resto, necesitaba un elemento estable.

Allí contribuyó a la Teoría de Trabajos, que postula los “trabajos” como elementos relativamente incambiados en los humanos, y concibe el mercado como un sistema de progreso. Quiere decir que los innovadores debemos encontrarnos con los clientes en un tercer lugar, siempre hijo de un acto de diseño, y practicando 5 hábitos personales que también identificó.

También postuló que la arquitectura de un producto influye en su velocidad de adopción (si ésta se produce). Una vez extendido, puede resultar en una cadena de valor rigidizada por la modularización, lo que puede exponerla más a la disrupción.

En How Will you Measure Your Life? (Harper Business, 2012), traza un paralelismo entre estas teorías empresariales y su aplicación a una vida más plena.

Los efectos de estas ideas, y varias otras que no menciono aquí, son profundos y llegan lejos. Son base también para grandes aportes de otros talentosos en el campo de la innovación. Aportes que incluyen la propia redefinición de lo que es una empresa, y por extensión qué cosas enseñar y cómo enseñarlas en las escuelas de negocios.

Una frase se quedó conmigo

Si se me permite, mi frase favorita de Clayton Christensen es esta: “Cometí un error cuando etiqueté el fenómeno (disrupción por la llegada de una tecnología) como ‘tecnología disruptiva’ “.

Para ese entonces, el clisé “tecnología disruptiva” estaba irremediablemente popularizado. En realidad el proceso disruptivo es un tema de modelo de negocio y del paradigma dentro del que compite, adicionalmente a los aspectos tecnológicos. Y si vamos más allá, necesita de ciertas dinámicas de sistemas humanos complejos, en especial de las conductas de sus líderes bajo amenaza.

Podría no haber dicho esto y todos tranquilos, pero lo puso por escrito, adueñándose del defecto y mostrando el compromiso en seguir desarrollando mejores versiones de la teoría de la disrupción que dieran cuenta de más “anomalías”.

Como prefiero acompañar a buscadores que aciertan y que erran, y desconfío de sabios quietos y encumbrados, ésa es mi frase preferida.Ahora se fue, y nos quedamos con ganas de más. Gracias, thank you, Clay.

Por Emilio Oteiza.

Consultor y docente en innovación. Fundador de Ignite consultoría en innovación y diseño. Dirige el Programa de Innovación en UCU Business School.

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