«Si construimos cultura de innovación, innovaremos más.» Si, pero ¿cómo se construye cultura de innovación? Innovando.
Otra vez el huevo y la gallina. ¿Qué fue primero?
Para empezar, cambio la palabra. De «innovación» a «exploración».
La innovación implica mejorar lo que ya se hace, y también implica explorar nuevas posibilidades, algunas totalmente nuevas.
Lo segundo, la exploración, es lo que cuesta más. La mejora contínua, o innovación incremental, asusta mucho menos.
Ahora: nunca voy a tener una cultura de innovacíon ANTES de innovar.
Voy a entrenar con pesas: primero levanto una pesa chiquita. Cuando mi músclo se desarrolla, levanto una más grande, y así.
Cada vez me es más fácil levantar peso, porque mi cuerpo se adaptó a la demanda. Esa adaptación, en una organización, es la cultura.
La cultura de exploración/innovación se desarrolla a partir de una cadena de demandas sistemáticas, crecientes y preferentemente, planificadas.
O sea, lo que vienen sosteniendo los bochos del Cambio Organizacional hace décadas.
Si te exigís poco no aprendés, si te exigís demasiado, abandonás.
Además, tenés que construir tres vectores a la vez:
1- El estratégico: cómo entra la innovación en tu empresa.
2- El organizacional: cómo ir rediseñando tu organización para que innove cada vez más.
3- El de la práctica: en equipo, aprender y desarrollar destreza en los procesos, herramientas y mentalidades requeridas para innovar.
Así que lo primero que tenés que hacer cuando querés subir de cinturón en innovación es acometer un proyecto que ya esté en el marco de, a nivel embrionario al menos, los tres vectores que mencioné.
Un proyecto aislado no despega. Un rato de Design Thinking no prende. Un hackatón puntual mueve la aguja, pero después ella se vuelve tercamente para atrás. Ir al gym de innovación regularmente, si.
Si bien hay que sostener el cultivo, con amorosa perseverancia, competente oficio y minuciosa atención al detalle por años, a los pocos meses ya tendrás frutos.
Ah. Y primero fue la gallina, no el huevo.
El primer animal con derecho a llamarse «gallina» con todas las letras emergió como una mutación en un huevo de otra cosa que no era una gallina. El primer huevo de gallina, entonces, vino cuando esa gallina primigenia desovó por primera vez.
Así que primero fue la gallina, y luego, su huevo. Sorry por pincharles el globo de la recursividad.
La culpa la tiene Neil deGrasse Tyson, quien lo explicó en un TikTok.
Por Emilio Oteiza.
Consultor y docente en innovación. Fundador de Ignite – Consultoría en Innovación y Diseño. Dirige el Programa de Innovación en UCU Business School.