Más que creatividad, llevar una nueva idea al mercado precisa de cariño. Montones.
La innovación come cariño como un burro galletitas.
La parte más famosa del proceso de innovación es la inicial, con las ideas y la creatividad. Pero en realidad el diablo está en la ejecución.
Por ejemplo: utilizás métodos de innovación para desarrollar un producto nuevo. Trabajás con clientes, desarrollás ideas, buscás proveedores, desarrollás un concepto de campaña, armás escenarios económicos.
A medida que el proyecto avanza te vas emocionando controladamente porque ves que el producto será valorado, el precio estará bien, el diseño engancha, la empresa se meterá en un nuevo mercado prometedor y estratégico.
Imaginemos que la innovación está prendida de algo que descubriste investigando, por ejemplo: una herramienta nueva que permitirá hacer una operación crítica más rápido y más seguro.
La agencia te manda unos bocetos del folleto, pero está soso y trillado, no entendieron. O entendieron pero no resonó, no lo sintieron. Le falta cariño. Vuelta atrás.
Para hacer unas pruebas en el proyecto pediste un material nuevo, pero quedó trancado en compras. Están esperando la firma de alguien. Entró en la cola de las compras normales. Le pones cariño al tema y seguís.
De jurídica te hacen una observación tardía. Hace tiempo les pasaste todos los antecedentes para que chequearan y te dijeron informalmente “todo bien”. Cuando finalmente llega el informe, hay un problema. Lo leés y te das cuenta que la objeción está porque no entendieron bien lo que les explicaste. Llamás, explicás otra vez, “Aaaaaaaah” dicen del otro lado. “Pensé que había entendido pero no había entendido”. Levantan la objeción. Más consumo de cariño.
Salís finalmente al mercado con el producto. No se vende mucho. Sin decir nada, vas a los distribuidores y te hacés pasar por un cliente. Preguntás en mostrador si lo tienen. No saben. No escucharon. “Ni idea”.
Investigás el vendedor de la zona. Hablás con Comercial. “Ah, si. Es cierto, no lo teníamos tan en el radar.” Nueva ronda de comunicación interna. Más cariño.
Uno de los desafíos de la innovación corporativa es que todos están en piloto automático, y vos necesitás que, por un rato, operen diferente. No son malos, están haciendo lo que se supone que deben hacer, de la mejor manera que pueden. A veces bajo mucha presión y con objetivos contradictorios. Con problemas de personal, de abastecimiento, de rendimientos.
En cualquier traspié se pierde el espíritu de la innovación. Ese click maravilloso que hacen la idea nueva con la necesidad que supiste detectar.
Un diseño de folleto hecho de apuro. Un vendedor preocupado por su cuota. Una persona que se fue de licencia en un momento clave. A veces pareciera que el diablo metiera la cola día si y día también.
Dedicación. Atención al detalle. Anticiparse a los problemas. Fidelidad y foco en el concepto original. Ejecución. El 80% de la innovación está ahí, en la ejecución.
Cariño, cariño y más cariño.
Columna publicada en El Observador – Economía y Empresas en 02/07/2022
Por Emilio Oteiza.
Consultor y docente en innovación. Fundador de Ignite – Consultoría en Innovación y Diseño. Dirige el Programa de Innovación en UCU Business School.