Capaz que no todos nacimos grandes futbolistas, cocineros o creativos, pero todos podemos aumentar nuestra capacidad creativa.
La creatividad surge de hacer combinaciones nuevas de ideas conocidas, de manera que sea útil para algo. Nuestra mente está cableada para encontrar asociaciones cercanas y también remotas, construyendo nuevas realidades a partir de lo conocido.
Ejercitar el músculo de la creatividad es positivo, porque vivimos una vida más rica, porque podemos solucionar problemas más complejos y porque podemos contribuir mejor a todo tipo de proceso creador, incluyendo el de la innovación.
En The Book of Beautiful Questions, Warren Berger propone muchas preguntas para avanzar nuestros esfuerzos creativos. Entre ellas:
1. ¿Por dónde empiezo?
Empezá en cualquier lado. ¿Tenés que escribir un artículo y sólo te salió el final? Escribilo. ¿Tenés una idea de producto pero muy verde? Hacé un prototipo básico o un dibujo y mostráselo a alguien. ¿Tenés una idea preliminar de negocio? Dibujá el folleto del negocio, sin pretensión artística ninguna, y fijate cómo queda.
En suma, empezá. Por donde puedas y con lo que tengas, pero ahora. Es posible que luego descartes ese trabajo inicial, pero siempre es útil para el proceso, porque destraba el resto de las ideas y sirve como ancla inicial.
“Acepto que lo primero que voy a hacer es horrible”. Y probablemente lo segundo también. “Al principio, todas nuestras ideas apestan.” decía uno de los fundadores de Pixar.
Si voy a trabajar en equipo, aceptamos que mostramos ideas verdes a nuestros compañeros, y cuando damos retroalimentación, nos mantenemos mirando el espíritu de la idea y lo bueno que tiene, en lugar de criticar detalles de ejecución. La creatividad precisa trabajo paciente y mirada piadosa.
2. ¿Cómo encuentro tiempo para la creatividad?
Metete en cana creativa. Nadie va a venir a hacerte ese lugar. Necesitas un tiempo a solas, en el que no tengas más remedio que crear. Sin celular, sin distracciones. Podés poner un timer en 25, 30, o 45 minutos, lo que puedas. Durante ese tiempo sólo trabajas en tu desafío creativo. Cuando termine ese tiempo, pase lo que pase, sos libre.
Pero antes, investiga, observa, estudia sobre tu problema. Tu atención es un recurso escaso, no lo desperdicies reinventando la rueda.
Luego, comparte el resultado con personas en quienes confíes. Las perspectivas de otros enriquecen tu comprensión del problema y de la solución.
De vez en cuando, además, tomate descansos. La mente parece que sigue trabajando tras bambalinas, y un tiempo después, aparecen nuevas ideas.
3. ¿Cómo tengo más ideas?
Salí con la caña de pescar. Las asociaciones nuevas (ideas), pueden venir en cualquier momento, a veces en forma inesperada. Algo que observás, alguien dice algo relacionado que te enciende un insight. Combina el modo “prisión creativa” del punto anterior con la “creatividad vagabunda” de este, para mejores resultados.
Una opción es andar siempre con una libreta para capturar ideas y reflexiones. Podés dibujar también, y pegarle recortes. Otra es anotar en el celular o grabar audios, videos o sacar fotos también sirve.
Hablá con gente diferente, andá a lugares nuevos. Cambiar de entorno nos obliga a apartarnos de los patrones normales y a estimular la mente de modos diferentes, “moviendo la neurona” en nuevas direcciones.
Observa el mundo asociado a tu problema. Hacete una lista de las cosas relevantes y de los problemas que te molestan. Preguntate ¿cómo podrían ser las cosas diferentes?
Puedo tener mejores resultados creativos cultivando ciertos hábitos. Las preguntas son muy útiles porque me ponen en modo exploratorio.
Y si estoy explorando por lo tanto tengo la mente abierta, entonces todo puede pasar.
Columna publicada en El Observador – Economía y Empresas en 29/01/2022
Por Emilio Oteiza.
Consultor y docente en innovación. Fundador de Ignite – Consultoría en Innovación y Diseño. Dirige el Programa de Innovación en UCU Business School.