La tecnología no es todo

Hay una costumbre de empaquetar tecnología e innovación en incentivos y políticas, y eso tiene sentido, pero me gustaría abrir un poco los conceptos.

Apoyar la capacidad de innovación a través del desarrollo de la tecnología, de la integración de ingenieros a las empresas y de fomentar la generación de patentes surge de un preconcepto y una correlación.

El preconcepto es que la innovación se origina en los laboratorios (ciencia), la toman los ingenieros y la implementan. En ese proceso, se genera conocimiento patentable. 

Las comunidades más innovadoras también patentan más e integran a más ingenieros, ahí hay una correlación.

Esencialmente es una visión de «empuje de la tecnología». No está mal, pero también hay otros abordajes que pueden convivir.

Las básicas: innovar es llevar ideas nuevas al mercado. Para que una innovación funcione, tiene que cumplir tres cosas:

Alguien lo tiene que querer (Deseable)
Lo podés hacer (Factible)
Lo podés integrar en un negocio que funcione (Viable)

La tecnología participa como uno de los factores en la factibilidad. No es el único aunque es super importante porque es habilitadora de innovaciones, sin tecnología no podemos innovar.

Recordemos que una innovación puede usar tecnología propia o ajena, y que parte de lo que te hace innovador no necesariamente es crear tu propia tecnología sino ser bueno integrando tecnologías, que bien pueden ser de otros.

Lo que te hace innovador, esencialmente, es tu capacidad de generar propuestas de valor destacadas (deseable-factible) integradas en modelos de negocio superiores (viable).

En particular, tener destreza en el proceso de desriesgo y posterior implementación que conlleva poner una «idea» en el mercado.

Y tener la capacidad de diseñar tu organización para naturalizar esta vida semi-paralela en el Espacio Exploratorio.

En ese sentido, un sistema que apoye la innovación incluye, además del apoyo a la tecnología, apoyos en toda la cadena de destrezas. Por ejemplo:

– investigaciones con usuarios.
– incentivos para el desarrollo de equipos internos de innovación.
– promoción de capacitación/consultoría en herramientas de capacitación, gestión de proyectos para implementar innovaciones, y gestión del cambio organizacional para manejar las transformaciones necesarias.
– facilitar el proceso de experimentar con distintos modelos de negocio.
– ahogar menos el prototipado de empresas y productos, desde no castigar tanto a los emprendimientos desde el día 1 a permitir un manejo fluido de muestras y materiales para prototipos a través de la Aduana.

Muchas de estas cosas están. No hay más que ver por ejemplo los instrumentos de apoyo de ANII.

Algunas están más visibles, algunas en estado embrionario. Creo que todavía pueden integrarse más y en particular articularse alrededor de las competencias que realmente te hacen un innovador más eficaz.

Que no es solo, ni principalmente, tu capacidad de manejar tecnología.

Por Emilio Oteiza.

Consultor y docente en innovación. Fundador de Ignite – Consultoría en Innovación y Diseño. Dirige el Programa de Innovación en UCU Business School.

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